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Afirmaciones Paraguas

Y todo lo que necesitas saber sobre las afirmaciones — qué son de veras, la ciencia tras ellas, y por qué dos á cuatro amplias superan á veinte sesiones separadas

Afirmaciones Paraguas
Afirmaciones Paraguas — figure 2
Afirmaciones Paraguas — figure 3
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Antes de acercarnos siquiera á las afirmaciones paraguas, quitémosle el misterio á la palabra, porque asusta á la gente sin razón alguna. No hay nada especial, nada místico y nada difícil en afirmar. Una afirmación es sencillamente un renglón cambiado en el diálogo interior que ya llevas corriendo — eso es todo. Has estado hablándote á ti mismo, por lo bajo y dentro de tu cabeza, cada hora despierta de tu vida. Afirmar no hace más que interrumpir y trocar el viejo renglón por uno mejor.

Afirmar no tiene nada de especial

Detente y sorprende el monólogo un momento; nunca se detiene de veras. Todo el día te narras á ti mismo — estoy tan cansado, soy malo para esto, así soy yo, claro que eso me pasó á mí. Ese comentario corrido no es ruido ocioso. Es la historia misma que estás proyectando sobre tu vida, frase por frase, hora tras hora. Afirmar — en voz alta ó en silencio, da igual — no es nada más exótico que escoger á propósito una frase distinta de la que has venido repitiendo. No estás tomando alguna extraña técnica espiritual nueva. Estás tomando el volante de algo que jamás dejaste de hacer.

Y por esto es más cierto de lo que suena decir que todos están manifestando todo el tiempo. Se nos dio un poder creativo real desde el principio mismo — hechos á imagen de un Hacedor, con la capacidad entregada de dar forma á nuestro mundo desde adentro hacia afuera. Pero también se nos entregó, desde la niñez, un millar de ideas falsas: ideas de debilidad, de no puedo, de la gente como yo no consigue eso — ideas que calladamente niegan el poder mismo que se nos dio. Así que la mayoría manifiesta fielmente, sin cansancio y sin proponérselo jamás — las cosas que no quiere. Sostienen la vieja realidad cansada en su lugar con la historia negativa que nunca dejan de contarse. La misericordia escondida dentro de ese hecho duro es enorme: si ya estás manifestando sin siquiera intentarlo, entonces no se te pide aprender alguna difícil habilidad nueva. Solo se te invita, por fin, á escoger á propósito lo que manifiestas.

Y nada de esto es mero desarrollo personal; está escrito en la manera misma en que fuimos hechos. «Cual es su pensamiento en su alma, tal es él» (Proverbios 23:7) — un hombre se vuelve lo que habitualmente piensa, no lo que ocasionalmente desea. Pablo dice lo mismo del cambio más hondo que hay: «nosotros todos, mirando á cara descubierta… la gloria del Señor, somos transformados… en la misma semejanza» (2 Corintios 3:18). Aquello que miras sin cesar en el teatro de tu mente, en eso te vas transformando despacio. Y pesa esa palabra sin cesar, porque es toda la bisagra: son tus pensamientos dominantes — los que rondas cien veces al día — los que se endurecen en tu vida, no el miedo suelto que apenas pasa de largo. Lo que más miras es lo que más estás manifestando calladamente.

Así que la única pregunta verdadera es qué decirte á ti mismo — y cómo hacerlo sin convertir tu día en un segundo empleo. Porque en eso se convierte pronto una larga lista de afirmaciones específicas: una sesión para el dinero, una para la salud, una para la confianza, una para el dolor de espalda, una para el amigo que siempre está agrio en tu presencia, hasta que llevas veinte pequeñas rutinas y te sientes atrasado en todas. Hay una manera mucho más sencilla, y es la que de veras vivo — apenas dos á cuatro amplias afirmaciones «paraguas» que calladamente cubren todo lo que hay debajo de ellas.

Veinte cosas, ó dos ó tres

El problema con una larga lista de afirmaciones específicas no es que no funcionen — es que no caben en una vida. No puedes hundirte en un estado hondo, sentido y creído acerca de veinte cosas distintas una tras otra; para la quinta ya solo estás recitando, y para la décima estás cansado y vagamente culpable. Así que las sesiones se saltan, y toda la práctica muere calladamente de su propio peso. Una afirmación paraguas resuelve esto subiendo un nivel. En vez de nombrar cada gota de lluvia, abres una sola cosa que las cubre todas. Dos, tres, á lo sumo cuatro de estas — repetidas con sentimiento en unas pocas sesiones sin prisa al día — harán más por ti que una planilla de detalles que nunca terminas de recorrer. Es menos que cargar, es mucho menos estresante, y es mucho más natural de repetirte de veras á ti mismo.

Qué es una afirmación paraguas

Una afirmación paraguas es una sola declaración amplia que reúne muchos deseos específicos debajo de ella — y funciona por algo que ya tienes: una mente subconsciente que ya sabe, con todo detalle, todo lo que quieres. No tienes que volver á explicarle tu vida entera cada mañana. Cuando afirmas el paraguas, la mente profunda suministra calladamente los pormenores, como un buen siervo que lleva años trabajando en la casa sabe exactamente lo que quieres decir cuando pronuncias solo una palabra. Esto no es un atajo en el sentido perezoso. Es sencillamente trabajar con la manera en que la mente está hecha, en vez de contra ella.

El método de la lista

El paraguas más limpio de todos es lo que la gente llama el método de la lista. Cuando tienes demasiadas cosas por las cuales afirmar — y de veras es difícil sostener una imagen viva y sentida de todas á la vez — sencillamente las escribes. Todas. Metas financieras, metas de salud, metas de relación; el dolor en tu cuerpo que estás cansado de cargar; hasta la manera en que la gente se comporta á tu alrededor. Si hay alguien que siempre está agrio en tu presencia, escribes que esta persona está de un ánimo maravilloso cada vez que la veo, ó esta persona siempre me trata con bondad. Pones en el papel la vida entera que quieres.

Luego nunca tienes que volver á recitar la lista. Como tu subconsciente ya sabe todo lo que hay en ella, afirmas el paraguas que la cubre: «Tengo todo lo que está en mi lista», ó yo manifesté todo lo que está en mi lista, ó sencillamente tengo todo lo que pudiera desear. (Si la palabra manifestar te cae mal, usa la que quieras — la mente profunda responde al sentido y al sentimiento, no al vocabulario.) Diez ó quince minutos de ese solo renglón, repetido, y has regado todo el jardín de una sola vez.

«¿No es maravilloso?»

El segundo paraguas que uso viene, por vía de Neville Goddard, del minuto soñoliento justo antes del sueño — el estado que él llamaba el estado semejante al sueño, cuando la mente que discute y critica ha callado y la puerta á la capa profunda queda abierta. Enseñaba á la gente á dejarse llevar hacia ese estado ya sintiendo que la vida era buena. Y la frase por la que más se le recuerda era casi absurdamente sencilla: «¡No es maravilloso!» — dicha y sentida como si algo maravilloso ya hubiera sucedido, sin nombrar jamás qué.

Neville contaba de una mujer cercana á los cincuenta y cinco que había llegado al cabo de toda cuerda. Estaba sin empleo, sin familia á la cual recurrir y sin amigos á quienes acudir; su auto estaba gastado y cayéndose á pedazos, su ropa no servía para buscar trabajo, estaba atrasada en el alquiler y su cuenta de banco casi vacía. Necesitaba, sencillamente, todo. Al principio hizo lo que casi todos haríamos — trató de imaginar cada cosa que necesitaba, una á una — y fue tan agotador, porque las necesidades eran tantas, que casi se dio por vencida. Entonces oyó á Neville describir cómo capturar un solo sentimiento en vez de cien imágenes separadas, y se aferró á ello. Cada noche al acostarse repetía y sentía las palabras «¿No es maravilloso — algo maravilloso me está sucediendo ahora?», y se dormía bañada en el sentimiento que habría tenido si ya fuera verdad, sin deletrear jamás cuál sería la cosa maravillosa. Siguió así, noche tras noche, por dos meses.

Entonces la maquinaria ordinaria de su vida empezó á moverse de maneras que ella nunca urdió. Se topó con un conocido á quien no veía hacía meses, justo cuando él partía para Nueva York; como ella había vivido allí una vez, charlaron de la ciudad y se despidieron, y no le dio importancia. Semanas después ese mismo hombre le entregó un cheque certificado á su nombre por dos mil quinientos dólares — porque en su viaje se había cruzado, por puro accidente, con otro viejo amigo de ella, un hombre á quien no veía hacía más de veinticinco años y que se había vuelto muy rico entretanto, y que, al oírla mencionar, decidió compartir algo de lo que tenía. Durante los dos años siguientes los cheques siguieron llegando, mes tras mes — bastante para un auto, ropa nueva, un apartamento espacioso, y mucho más que su pan de cada día — hasta que al fin llegó una carta con papeles que firmar que aseguraban ese ingreso por el resto de su vida. Una mujer que á los cincuenta y cinco no tenía nada ni á nadie quedó, desde una dirección que jamás había estado vigilando, provista hasta el fin de sus días.

En eso está todo el genio de la frase: tú suministras la sugestión y el sentimiento, y dejas que la mente profunda — que ya conoce cada bien que anhelas — suministre la forma. Se ha vuelto una de las afirmaciones robóticas más populares del mundo precisamente porque es corta, es ágil, y ya da por sentado que todo está bien. Si maravilloso no es una palabra que de veras usarías, di increíble ó asombroso ó fantástico — habla como de veras hablas. Yo conservo «¿no es maravilloso?», y á menudo la estiro un poco: ¿no es maravilloso que cosas asombrosas nos estén sucediendo á mí y á mi familia?

«Manifestar es fácil para mí»

El tercero que uso es una afirmación de autoconcepto, y quizá sea la más importante de las tres, porque obra sobre la persona que hace el trabajo. Muchísima gente cree calladamente que todo esto es difícil — que exige una habilidad rara, métodos secretos y años de esfuerzo. Esa creencia es en sí misma un programa, y hará fielmente que la práctica te resulte difícil. Así que vas por debajo de ella y la reprogramas directamente. Le dices á tu subconsciente que eres bueno para esto: «Manifestar es fácil para mí ahora», ó soy un maestro manifestando, ó la que más amo — no puedo creer que yo antes pensaba que manifestar era difícil. Formúlala como mejor te asiente; algunos prefieren me es fácil andar en lo que Dios ya me ha dado. El punto es el mismo: deja de ensayar que es difícil, y deja de serlo.

Qué es en verdad la afirmación robótica

Si «afirmación robótica» es una frase nueva para ti, es exactamente lo que suena: repetir una afirmación una y otra vez, con calma y casi mecánicamente. Y lo que está haciendo es programar por repetición — la misma manera en que se instaló cada creencia que ya llevas. He aquí la parte que debería dejarte libre: es sencillamente invertir la repetición que el mundo te ha venido haciendo toda tu vida. En vez de esperar diez años mientras la escuela, la multitud y tus propias palabras al descuido te repiten una idea adentro, condensas esa década en unas pocas semanas enfocadas. Le entregas á la mente profunda lo mismo á lo que siempre responde — repetición — solo que ahora has escogido tú el mensaje. Esta es una forma de lo que se llama auto-sugestión.

No toda clase de auto-sugestión es así de fuerte. Algunos dicen un renglón una vez al despertar y siguen con el día; algunos escriben una afirmación y la leen. Eso también es auto-sugestión, y no es nada despreciable — pero no presiona la idea en lo consciente y lo subconsciente como lo hace el afirmar sostenido y repetido. Quedarse con una sola idea por un trecho prolongado, clavándola suavemente, es la razón por la que las historias notables vienen de gente que afirma robóticamente y no de gente que apenas piensa un pensamiento positivo en el desayuno. El mecanismo es viejo y sin magia: «de día y de noche meditarás en él», y entonces el camino prospera.

El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él… porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
Josué 1:8

Y para quien necesite la versión dura y física de esto, está ahí mismo en el cerebro. Cada pensamiento que piensas dispara una vía particular de neuronas; piénsalo con bastante frecuencia y esa vía se engrosa hasta volverse un camino trillado — tu cerebro construye literalmente la circuitería de tus hábitos y creencias con lo que repites. Maestros como el Dr. Joe Dispenza resumen la neurociencia en un renglón que vale la pena guardar: las neuronas que se activan juntas, se conectan juntas. La afirmación robótica eres tú tendiendo á propósito una nueva vía — disparando un nuevo pensamiento una y otra vez hasta que el cerebro lo cablea como el reflejo por defecto — mientras la vieja ruta, ya no transitada, se va podando y sus puentes se queman. Esto no es meramente «pensar positivo». Es el recableado deliberado de la circuitería misma sobre la que corres tu vida.

Los subliminales — la afirmación en un susurro

El único otro método que se le acerca, en mi experiencia, es el subliminal — y una vez que lo entiendes, verás que es en realidad la misma herramienta. Una pista subliminal no es más que afirmaciones robóticas bajadas de volumen: las mismas declaraciones grabadas á muy bajo volumen, para que el subconsciente las recoja mientras tu mente consciente está ocupada en otra cosa. Alcanza la capa profunda, y sí ayuda. Pero muchos hallan que su efecto puede desvanecerse una vez que dejan de escucharlas, porque la mente consciente nunca fue traída á bordo; solo la mitad de ti estuvo alguna vez en la sala. La afirmación hablada junta ambas mitades, y lo que entonces echa raíz baja mucho más hondo. Imagina una planta con un sistema de raíces fino y superficial frente á una con uno grueso y profundo: el subliminal solo es la raíz superficial; la afirmación robótica, consciente y subconsciente obrando juntas, es la raíz honda que resiste el mal tiempo. (Si usas subliminales, haz los tuyos propios en vez de confiar en la pista de un extraño, y grábalos de modo que nada quede lavado — pero ese es un tema aparte.)

Cómo lo hago yo

He aquí mi propio ritmo, por lo que te valga. Conservo los tres paraguas de arriba, y dedico unos quince minutos á cada uno — cosa de cuarenta y cinco minutos de afirmar al día, repartidos en tres ó cuatro sesiones y plegados en cosas que ya estoy haciendo: una caminata, un proyecto, los platos, ó simplemente estar de pie al sol. No detengo mi vida para afirmar; afirmo á través de mi vida. Voy rotando por los tres, y por distintas formulaciones de cada uno, en parte para que la mente profunda oiga la idea desde varios ángulos y en parte para que el hablar se mantenga natural en mí y nunca se vuelva un recitado muerto.

Dos momentos importan más que el resto. Lo último que hago al quedarme dormido es afirmar — para que lo último plantado en mi mente antes de que se abra la capa profunda sea la vida que estoy escogiendo, no lo último que deslicé en la pantalla. Y lo primero que hago al despertar, antes de que el teléfono pueda entregarme su ánimo, pongo un temporizador y vuelvo mis pensamientos derecho á las cosas que quiero. Esos primeros y últimos minutos son la tierra más rica del día; guárdalos, y no dejes que Instagram ó las noticias planten su cosecha en ellos antes de que hayas plantado la tuya.

El sentimiento no es el punto

Una cosa agota calladamente á la gente y la hace renunciar: creen que tienen que azotarse hasta un sentimiento positivo ardiente cada sola vez. No lo tienes que hacer. Afirmar robóticamente no es una función emocional; es sugestión — tú diciéndole con calma á tu propia mente una cosa, una y otra vez, que es la razón misma por la cual su nombre más viejo es auto-sugestión. La repetición hace el trabajo; el sentimiento es opcional. Si un sentimiento cálido y alegre aparece durante una sesión, maravilloso — móntalo, no hay nada malo en él. Pero no lo hagas el punto, y no lo fabriques, porque forzar una emoción por cuarenta y cinco minutos al día cansa de una manera que matará el hábito dentro de una semana. Di las palabras con calma — planas, incluso, si ahí es honestamente donde estás — y deja que se hundan de todos modos.

De hecho, las veces que menos ganas tienes de afirmar son las mejores para hacerlo. Cuando estás cansado y bajo y cada parte de ti solo quiere sentarse á deslizar la pantalla — ese es precisamente el momento en que escoger en su lugar una sesión de afirmación hace su obra más honda, por dos razones. Primera, al escoger la afirmación por encima del teléfono, le dices á tu subconsciente en el único idioma en que confía del todo — la acción — que esto importa más que Instagram, y queda estampado tanto más hondo por ello. Segunda, y mayor: le enseñas á tu mente profunda que la nueva historia se sostiene aun ahora — aun cansado, aun triste, aun de mal humor, aun en medio de la lucha.

Esa segunda lección vale más que cualquier sola buena sesión. Cuando la nueva historia sigue afirmándose á través de los días bajos y no solo de los altos, le envías á tu subconsciente una señal firme é inconfundible: no importa en qué ánimo esté, no importa qué subida ó bajada esté atravesando, esto sencillamente es verdad de mí ahora. Una verdad que sobrevive tu peor tarde es una verdad que la mente profunda por fin cree. Así es como un nuevo autoconcepto deja de ser una esperanza que solo visitas en los días buenos y se vuelve suelo firme sobre el que te paras — parte de quien eres, inmóvil ante el clima.

Para quien lo tiene por disparate

Si alguna parte de ti todavía archiva todo esto bajo «pensamiento ilusorio», considéralo desde el ángulo más llano y material. Ya has sido programado por repetición toda tu vida — eso no es misticismo, es la publicidad, la escuela y un millar de comentarios al descuido repetidos hasta que los creíste. Dos personas de la misma edad y la misma inteligencia se pararán lado á lado, y una hallará fácil lo que la otra halla imposible — no por capacidad bruta, sino porque á una le dijeron, una y otra vez, que podía, y á la otra le dijeron, una y otra vez, que no podía. El viejo dicho es más cierto de lo que suena: tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón. Todo lo que hace el afirmar es tomar la herramienta exacta que el mundo ya usó para moldearte — la repetición — y volverla, por fin, para tu bien.

Mantén á Dios en el centro

Una cosa hay que decir con toda claridad, ó lo demás puede torcerse calladamente. Una afirmación es auto-sugestión — tú hablándole á tu propia mente. No es oración, y jamás debe volverse un sustituto de la oración ni de la Palabra de Dios. Hemos trazado esa raya con cuidado en otra parte, en Afirmaciones y vanas repeticiones: hablarte á ti mismo y hablarle á tu Hacedor son dos actos distintos, y necesitas ambos — pero jamás debes trocar el segundo por el primero. La mente es un instrumento magnífico, pero es un instrumento; la Fuente es Dios, Quien edificó la ley que estás usando y te hizo una criatura capaz de usarla. Guárdale á Él el primer lugar, y todo lo demás cae en el suyo.

Y aquí está la raya que nunca cruzamos: el poder es real, pero es delegado — el de una criatura sobre el pequeño reino de su propia vida, no el de un dios sobre el suyo. La Fuente nunca eres tú, ni «el universo»; es el Padre que prestó el don. La mentira más antigua del mundo susurró en el huerto «seréis como dioses» (Génesis 3:5), y esa es la única línea que esta práctica no dará jamás. Usa la herramienta plenamente — como hijo bajo el Padre, jamás como un dios pequeño de un mundo privado.

Así que deja que la mañana le pertenezca á Él antes de pertenecerle á tu lista — busca primero el reino:

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Mateo 6:33

Que el primer minuto sea suyo — «Oh Jehová, de mañana oirás mi voz» (Salmo 5:3). Para mí la Escritura ya está tejida por todo el día; mi trabajo me mantiene en la Palabra casi de continuo, de modo que la lectura no es algo que tenga que programar — que es exactamente por lo que hago sitio deliberado para las afirmaciones. Ordena las tuyas como tu vida esté hecha, pero guarda el orden: Dios, y luego la buena obra de la mente renovada. Y vigila lo que plantas, porque esta herramienta tallará una mentira tan fielmente como la verdad — así que afirma lo que es verdadero, ó lo que confías que Él hará verdadero: «todo lo que es verdadero… en esto pensad» (Filipenses 4:8). Para por qué la capa profunda gobierna la vida entera, y cómo se reescribe, ver Cambiando tu paradigma y La ley de la asunción.

Mis tres, en breve

Las afirmaciones no son más que pensamientos — nunca fueron otra cosa. Un pensamiento que has escogido á propósito y repetido hasta que se vuelve el mobiliario natural de tu mente, en el lugar de un pensamiento que el mundo escogió por ti y repitió hasta que supusiste que era sencillamente la verdad sobre tu vida. Ese es todo el secreto, y no hay otro. Así que escoge los tuyos — uno ayudará, dos ó tres bastan, cuatro es lo más que yo cargaría. Aquí están los tres por los que de veras vivo, en su forma más llana:

  • Tengo todo lo que está en mi lista. (el método de la lista — todo el jardín de una sola vez)
  • Manifestar es fácil para mí. (el autoconcepto — deshacer la creencia de que es difícil)
  • ¿No es maravilloso? (la suposición sentida de que todo ya está bien)

Uso varias formulaciones de cada una y voy rotando por ellas, aun en medio de una sola sesión, para que el hablar se mantenga vivo y natural. Ese es todo el método: un pequeño puñado de renglones amplios y sentidos, repetidos á menudo, plegados en un día común, bajo el Dios que te dio la mente con la cual hacerlo. Es más ligero que la cinta de correr de las veinte sesiones, es más amable con tus nervios, y funciona — porque «cual es su pensamiento en su alma, tal es él» (Proverbios 23:7).

Esta página es una recomposición en español del artículo original en inglés; los versículos bíblicos se citan de la Reina-Valera 1909. Neville Goddard y el Dr. Joe Dispenza se nombran solo como fuentes de una técnica, nunca como autoridad; la teología es propia.