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Rey y sacerdote en una persona

¿Hubo en la Escritura alguien que fuera rey y sacerdote á la vez?

Rey y sacerdote en una persona
Rey y sacerdote en una persona — figure 2
Rey y sacerdote en una persona — figure 3
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Una objeción común sostiene que los oficios de rey y sacerdote nunca se unieron en una persona — que la Escritura mantiene el trono y el altar permanentemente separados, de modo que ninguna sola figura podría ser ambos. Suele plantearse para argumentar que el Mesías no podría ser lo que el Nuevo Testamento dice que es: un Rey que es también un gran Sumo Sacerdote. La objeción contiene una verdad real e importante. Pero como afirmación universal no sobrevive á las mismas Escrituras hebreas — que unen los dos oficios antes de la Ley, anuncian su unión en el Mesías, y son confirmadas por un capítulo de la historia judía en que ambos se tuvieron abiertamente juntos.

La objeción, expuesta con justicia

Pongamos el argumento en su forma más fuerte, porque merece una respuesta real y no un espantapájaros. Bajo el pacto que Dios dio en el Sinaí, el sacerdocio pertenecía á la tribu de Leví — concretamente á la casa de Aarón — y el reinado, cuando llegó, pertenecía á la tribu de Judá, la casa de David. Los dos fueron asignados á tribus y familias distintas, y la línea entre ellos se guardaba. Un rey davídico no era un sacerdote aarónico. Hasta aquí, la objeción es sencillamente correcta.

El error está en el salto de «la Ley de Moisés los mantuvo separados» á «jamás podrían unirse en una persona». Esa segunda afirmación no es lo que enseñan las Escrituras hebreas. Lee un rasgo temporal de un pacto como si fuera una ley eterna de Dios — y la Biblia misma, á ambos lados del período mosaico, dice lo contrario.

El grano de verdad: el Sinaí los separó

La separación fue real, y se hacía cumplir. El caso más claro es el rey Uzzías de Judá, un buen rey que se excedió. Cuando entró en el templo á quemar incienso — un acto estrictamente sacerdotal — los sacerdotes lo confrontaron, y el juicio cayó al instante:

No á ti, oh Uzzías, el quemar perfume á Jehová, sino á los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo… y en esta su ira contra los sacerdotes, la lepra le salió en la frente delante de los sacerdotes en la casa de Jehová.
2 Crónicas 26:18-19

La misma frontera deshizo al rey Saúl, que ofreció un holocausto cuando el profeta Samuel se demoró, y oyó el veredicto: «Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios… porque ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será durable» (1 Samuel 13:13-14). Bajo el pacto del Sinaí la respuesta es genuinamente no: el trono no podía alcanzar el oficio del sacerdote. Todo trato honesto debe concederlo. La pregunta es qué significa — y si estaba destinado á ser la última palabra.

Por qué la separación fue deliberada

Aquí está el giro que la objeción pasa por alto. La separación mosaica no fue un accidente de la historia ni una declaración de que los dos oficios sean incompatibles. Fue un arreglo deliberado con un propósito: mantener los oficios distintos, en custodia, hasta que viniera Aquel que pudiera tener ambos con derecho. Un rey que pudiera apoderarse del altar á su antojo habría corrompido el sacerdocio; un sacerdocio que pudiera apoderarse del trono habría corrompido el reinado. Así que Dios los mantuvo separados — bajo guardia, por decirlo así — á lo largo de toda la Ley. Como veremos, los profetas hebreos que vivieron bajo aquella separación son los mismos que anunciaron que un día se resolvería en una sola persona. La cerca era temporal, y los profetas lo sabían.

Antes de la Ley, el rey-sacerdote era la norma

La separación del sacerdote y el rey comenzó en el Sinaí. No existía antes de él. Durante toda la edad patriarcal, el cabeza de una casa o de un clan era de ordinario á la vez su gobernante y su sacerdote — gobernaba á su gente y ofrecía sus sacrificios, sin casta sacerdotal alguna interpuesta entre él y Dios. La Escritura simplemente lo da por sentado como el orden establecido de las cosas:

Y edificó Noé un altar á Jehová y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar.
Génesis 8:20

Noé es el cabeza del mundo entero después del diluvio, y actúa como su sacerdote sin disculpa ni nombramiento. El patrón es más claro aún en Job, un hombre descrito expresamente como un gran gobernante — «era aquel varón grande más que todos los Orientales» (Job 1:3) — que servía también como el sacerdote permanente de su propia familia:

… Job enviaba y santificábalos, y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos… De esta manera hacía todos los días.
Job 1:5

Gobernaba, y oficiaba como sacerdote, al mismo tiempo, como cosa natural. La unión de los oficios es, por tanto, el arreglo más antiguo y más natural; la separación mosaica es el posterior y temporal. Y aun después del Sinaí, el llamado que Dios pronunció sobre toda la nación no fue «un reino o un sacerdocio» sino ambos á la vez: «vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa» (Éxodo 19:6). La vocación de rey y sacerdote en un solo cuerpo fue siempre el destino de Israel.

Los profetas anunciaron un rey-sacerdote

Éste es el punto decisivo, porque está sacado enteramente de las Escrituras hebreas y concierne al Mesías por nombre. Los profetas no sólo dejaron lugar para un rey-sacerdote; lo prometieron. Á Zacarías, que ministraba después del destierro, se le manda coronar al sumo sacerdote como señal viva de una figura venidera llamada «el Pimpollo» (el Renuevo) — y la señal dice, en palabras llanas, que Éste gobernará y oficiará en una sola persona:

He aquí el varón cuyo nombre es Pimpollo… edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y será sacerdote en su solio; y consejo de paz será entre ambos á dos.
Zacarías 6:12-13

Léelo despacio. Sacerdote en su solio — un sacerdote sobre su propio trono. El trono y el altar quedan unidos en una figura — y la frase final, «y consejo de paz será entre ambos á dos», describe los dos oficios, el reinado y el sacerdocio, reposando en paz juntos en Él en vez de pelear por la precedencia. David ya había cantado lo mismo de su propio Señor mil años antes, dirigiéndose á Uno que está á la vez sentado como Rey (versículo 1) y juramentado como Sacerdote (versículo 4):

JEHOVA dijo á mi Señor: Siéntate á mi diestra, En tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies… Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melchîsedech.
Salmos 110:1, 4

Una sola figura: entronizada como Rey y juramentada como Sacerdote, en el mismo breve salmo. La unión de los dos oficios en el Mesías no es, pues, una idea cristiana impuesta desde fuera sobre la Biblia hebrea. Es la expectativa anunciada por la propia Biblia hebrea — y nótese que el sacerdocio que nombra no es el de Aarón, sino un orden más antiguo y con nombre propio. Volveremos á eso.

Y en la historia judía sucedió

Más allá de la profecía, la combinación es cuestión de simple registro. En los siglos segundo y primero antes de Cristo, la dinastía asmonea — la familia de los Macabeos y sus herederos — tuvo juntos el sumo sacerdocio y el gobierno civil de la nación. Simón Macabeo fue confirmado formalmente como caudillo y sumo sacerdote á la vez: el pueblo resolvió «que Simón fuese su caudillo y sumo sacerdote para siempre, hasta que se levantase un profeta fiel» (1 Macabeos 14:41). Sus sucesores fueron más lejos y tomaron además el título real. Alejandro Janneo, que reinó del 103 al 76 a.C., acuñó monedas inscritas por un lado «Jonatán el Sumo Sacerdote» y por el otro «el rey Alejandro» — un solo hombre, dos oficios, estampados en una sola moneda.

Cualquiera que sea el juicio sobre los asmoneos — y la unión de los oficios en un linaje no descendiente de David fue motivo de controversia en su propio día — la mera afirmación histórica de que ningún judío fue jamás sumo sacerdote y rey al mismo tiempo sencillamente no es cierta. Sucedió de manera demostrable, en Jerusalén, dentro de la memoria viva del período del Nuevo Testamento. La objeción tiene los hechos en contra tanto como las profecías.

El patrón original tenía nombre

Todo esto tiene una sola fuente, y el Salmo 110 ya lo nombró. Mucho antes de que existieran Leví ó Aarón — antes de que hubiera una tribu de sacerdotes que separar de una tribu de reyes — Abraham fue recibido por un hombre que era, en una sola persona y sin sombra de contradicción, rey y sacerdote á la vez:

Entonces Melchîsedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual era sacerdote del Dios alto.
Génesis 14:18

Rey y sacerdote, en una sola frase. Su propio nombre y título llevan ambos oficios: el Nuevo Testamento los despliega como «primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz» (Hebreos 7:2), mientras que Génesis lo llama sacerdote del Dios alto. No es una excepción embarazosa con la que la Escritura tropieza y deja caer en silencio. Es el modelo que la Escritura escogió deliberadamente — y al que apunta el gran salmo mesiánico cuando jura al Rey venidero en un sacerdocio «según el orden de Melquisedec».

Los dos oficios se unen en el Mesías

Ahora todo el cuadro se resuelve. El Mesías viene de la tribu real de Judá, así que por nacimiento es heredero del trono de David. Pero un hijo de Judá nunca puede ser un sacerdote aarónico — la Ley dio ese oficio sólo á Leví. ¿Cómo, entonces, pueden los profetas llamarlo sacerdote siquiera? Precisamente porque el sacerdocio que se le promete no es el de Aarón sino el orden más antiguo de Melquisedec — un sacerdocio que siempre fue libre de pertenecer á un rey:

Porque aquel del cual esto se dice, de otra tribu es, de la cual nadie asistió al altar. Porque notorio es que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, sobre cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio.
Hebreos 7:13-14

Ésta es la bisagra de todo el argumento, y está construida directamente con las Escrituras hebreas. Porque el sacerdocio del Mesías es el de Melquisedec y no el de Aarón, la regla mosaica que mantenía á los reyes de Judá fuera del oficio de Leví sencillamente no lo obliga. Él puede ser lo que Uzzías no pudo ser — Rey y Sacerdote juntos — no quebrantando la Ley, sino perteneciendo á un orden más antiguo y más alto que el sacerdocio de la Ley misma. La separación del Sinaí guardó los oficios hasta que llegara exactamente esta Persona á unirlos:

Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melchîsedec.
Hebreos 7:17

Así que Aquel á quien los profetas anunciaron se sienta donde Zacarías dijo que se sentaría — un sacerdote sobre Su trono. Lleva la corona de David y el incensario de la intercesión en las mismas manos. Los dos oficios que la Ley guardó cuidadosamente separados están, al fin y en Él, en paz entre ambos á dos.

Por qué importa

La cuestión no es un dato curioso sobre oficios antiguos. Toca si el Mesías puede ser todo lo que Su pueblo necesita que sea. Un Rey solo podría gobernarnos, pero no podría ponerse entre nosotros y Dios. Un sacerdote solo podría interceder por nosotros, pero no podría reinar y enderezar el mundo. La esperanza de la Escritura es de Uno que haga ambas cosas — que gobierne como el Rey legítimo y abogue como el Sacerdote misericordioso — y esa esperanza está escrita en la Biblia hebrea desde Melquisedec en el amanecer de la historia hasta Zacarías después del destierro.

Así que cuando la objeción dice que los oficios siempre se mantuvieron separados, la respuesta amable y completa es: bajo la Ley, sí — y á propósito. Pero antes de la Ley, después de los profetas, en la página de la historia, y en el mismísimo centro de la esperanza mesiánica, el Rey que es también el Sacerdote es la propia promesa de las Escrituras hebreas — no una afirmación impuesta sobre ellas, sino Aquel á quien esperaban desde el principio.

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