Tarde o temprano, todo el que estudia la Deidad desde la posición de los pioneros tropieza con la misma objeción: «Pero Elena de White llegó a ser trinitaria.» Se ofrece como el punto final de la conversación — la prueba de que la fe del Hijo engendrado fue una etapa pasajera que la misma profetisa superó. Este curso toma esa objeción en serio y la responde por completo, en las propias palabras de ella y de los pioneros — no escondiendo las declaraciones difíciles, sino leyéndolas con honradez y de manera íntegra.
Pregunta 01
¿En qué consiste exactamente la afirmación?
Respuesta
Suele llegar en una de cuatro formas, y conviene nombrarlas con claridad antes de responderlas:
Una, que Elena de White llegó a ser trinitaria al final de su vida — que cambió de parecer en sus últimos años. Dos, que sus escritos son sencillamente «muy trinitarios», llenos de declaraciones que enseñan un Dios trino, coigual y coeterno. Tres, que calladamente rompió con los pioneros — que mientras los fundadores rechazaban la trinidad, ella no se mantuvo de su lado. Cuatro, que aun si ella no lo dijo abiertamente, su familia llevó la fe adelante hacia el trinitarismo después de ella — de modo que la posición adventista «verdadera» fue trinitaria desde el principio.
Cada una de estas afirmaciones puede comprobarse contra el registro histórico. Y cada una de ellas, comprobada con justicia, no resiste.
Pregunta 02
¿Por qué importa si es verdad o no?
Respuesta
Porque mucho depende de ello. Si Elena de White realmente se contradijo a sí misma en cuanto a la identidad de Dios, entonces contradijo a los pioneros junto a quienes laboró por medio siglo, contradijo décadas de su propia obra publicada y — lo más grave — cambió aquello mismo que Jesús llamó la vida eterna:
Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado.
No se trata de una riña por una palabra. Es la cuestión de quién es Dios — si es un Padre con un Hijo verdaderamente engendrado, o un solo ser en tres personas coiguales. Una profetisa no cambia de bando calladamente en una cuestión semejante. Por eso la afirmación merece una respuesta cuidadosa y documentada, no un desaire — que es precisamente lo que darán las lecciones siguientes.
Pregunta 03
¿Cuál es la única manera justa de comprobarlo?
Respuesta
Tres reglas, y nos ceñiremos a ellas en cada lección:
Léase el todo, no un fragmento. Una sola cláusula arrancada de un párrafo puede hacerse decir casi cualquier cosa; la pregunta honesta es qué dice la declaración completa en su propio entorno. Léasela dentro de su propio marco. Palabras como «eterno», «persona» y «trío» han de leerse del modo en que ella las usó a lo largo de sus escritos — no del modo en que las usó un credo del siglo cuarto. Pésese la vida entera. Un puñado de líneas discutidas no puede derribar el testimonio asentado de cincuenta años; las pocas deben leerse a la luz de las muchas, no las muchas explicarse a partir de las pocas.
Y una regla por debajo de las tres: verifíquese cada cita. Las declaraciones de este curso se cotejan contra la fuente primaria — sus palabras publicadas reales — no se repiten meramente desde una compilación. Donde una famosa cita «trinitaria» resulte recortada o reorganizada, lo diremos.
Pregunta 04
¿Podemos ver primero un ejemplo claro?
Respuesta
Sí — y vale la pena verlo desde el comienzo, porque es inconfundible. Escribiendo en las Signs of the Times en 1895, Elena de White dejó sentado de su propio puño exactamente qué clase de Hijo es Cristo:
«De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á Su Hijo unigénito» —no un hijo por creación, como lo fueron los ángeles, ni un hijo por adopción, como lo es el pecador perdonado, sino un Hijo engendrado en la imagen misma de la persona del Padre, y en todo el resplandor de Su majestad y gloria, uno igual con Dios en autoridad, dignidad y perfección divina.
Léelo despacio. Ella descarta dos opciones — Cristo no es Hijo por creación, ni Hijo por adopción — y afirma una tercera: un Hijo engendrado, que no obstante es plena y verdaderamente divino, «uno igual con Dios». Esa es la fe del Hijo engendrado de los pioneros expresada con tanta claridad como el lenguaje permite — y es el marco contra el cual el resto de este curso confrontará cada declaración.
Pregunta 05
¿Qué hará este curso — y qué no hará?
Respuesta
No esquivará las citas difíciles. Las declaraciones que la gente plantea — «la tercera persona de la Deidad», «el trío celestial», «vida no prestada, no derivada» — serán cada una citadas por entero y enfrentadas directamente, no sepultadas. No afirmará más de lo que el registro sostiene: donde los pioneros difirieron entre sí, o donde alguno de ellos cambió de parecer, lo diremos con honradez.
Lo que sí hará es dejar que Elena de White y los pioneros hablen por sí mismos, con amplitud y en contexto, hasta que el cuadro quede claro: el Padre es el único Dios verdadero, Su Hijo es verdadera y plenamente divino y a la vez verdaderamente engendrado, y el Espíritu Santo (la propia presencia y el poder de Dios) es la presencia y la vida mismas del Padre y del Hijo. Eso es lo que ella enseñó al principio, en medio y al final — y es lo que ahora demostraremos, declaración por declaración.
Respuesta personal
Acércate a este estudio dispuesto a seguir la evidencia. Si has oído repetir «Elena de White llegó a ser trinitaria» como un hecho ya zanjado, déjalo a un lado por un momento — no para defender lo contrario, sino para leer su testimonio entero y dejar que hable. Pídele al Padre, en el nombre de Su Hijo, una mente honesta; la verdad que Él ha revelado acerca de Sí Mismo puede soportar el examen más cuidadoso.
Texto fundamental
Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado.


