Siete siglos antes de que los ángeles cantaran sobre los campos de los pastores, un profeta nombró el pueblo. No Jerusalem, la ciudad real, sino una aldea tan pequeña que apenas se contaba entre los millares de Judá: Belén. Cuando los magos llegaron preguntando dónde había de nacer el Rey de los Judíos, los escribas no titubearon; abrieron á Miqueas (Mateo 2:5-6). Hasta la multitud lo sabía: «¿No dice la Escritura, que … de la aldea de Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo?» (Juan 7:42).
Pero el mismo versículo que nombra la cuna del Mesías dice algo más: algo acerca de quién era Él antes de nacer jamás. Y esa segunda mitad se usa hoy, una y otra vez, para probar lo contrario de lo que dice. Sus palabras finales se toman como prueba de que el Hijo nunca tuvo principio, y de que, por tanto, Su filiación no puede ser real. Un Hijo sin origen es Hijo sólo de nombre. Este estudio lee el versículo despacio, palabra por palabra, y deja que la Escritura explique su propia frase. Lo que sale de ahí es uno de los testimonios más hermosos del Antiguo Testamento al verdadero Hijo de Dios.
El versículo
Mas tú, Beth-lehem Ephrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo.
El lector de la Reina-Valera tiene aquí una ventaja que el de la Biblia inglesa no tiene. En hebreo la última frase no es una sola palabra, sino dos: yeméi olam, literalmente «los días del siglo». La versión inglesa del rey Jacobo la redujo á una sola palabra, everlasting («desde siempre»), y dejó caer los días; sus mismos traductores, sin embargo, devolvieron la palabra en el margen: «Heb. the days of eternity», «heb., los días de la eternidad». La RV1909 no necesita nota marginal. Guarda los días en el texto mismo:
«… y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo.»
Miqueas 5:2, RV1909: el hebreo yeméi olam, vertido palabra por palabra
Revisiones castellanas posteriores dicen «desde los días de la eternidad», y de esa forma suele citarse el texto para negar que el Hijo tenga origen. Pero aun así los días siguen ahí. Dos expresiones lo deciden todo: salidas, y los días del siglo. Las tomaremos en el orden en que Miqueas las escribió.
Dos salidas
Antes de llegar á las palabras difíciles, nota algo que la RV1909, para su honra, deja ver. Miqueas usa la misma raíz hebrea dos veces en un solo aliento. «de ti me saldrá» es el verbo yatsá, salir. «y sus salidas» es motsaáh, un sustantivo formado de esa misma raíz. Saldrá, salidas: el castellano conserva el eco. El profeta pone dos salidas una junto á otra:
La primera salida
«de ti me saldrá el que será Señor en Israel»
De Belén, un lugar en el mapa, en un momento de la historia: el nacimiento del Mesías como hombre.
La salida anterior
«y sus salidas son desde el principio»
No de Belén en absoluto, sino mucho antes, «desde los días del siglo».
El versículo está guardando al lector de un error. No pienses, dice, que la existencia de este Señor comienza en Belén. Aquel que sale de Belén ya había salido una vez antes. El pesebre no fué Su primera salida. Fué la segunda.
«Salidas»: un origen
¿Qué clase de palabra es motsaáh? Los léxicos hablan con claridad (definiciones de Strong, traducidas):
מוֹצָאָהmôwtsâʼâhH4163 · RV1909 «salidas»
Strong la define como «una descendencia familiar». Es la forma femenina de môwtsâʼ (H4161), «una salida … de ahí, una fuente», que viene de yâtsâʼ (H3318), «salir».
Un salir de. Una fuente. Una descendencia familiar. Es el vocabulario del origen, el lenguaje que se usa cuando uno pregunta de dónde viene alguien y de quién es hijo. Miqueas no describe un estado sin tiempo y sin fuente. Describe el origen del Hijo, un salir de Alguien. Y aun la frase que precede, «desde el principio», apunta en esa dirección: traduce qédem (H6924), que Strong define como «el frente, de lugar … ó de tiempo (la antigüedad)». No la ausencia de comienzo, sino lo que está muy atrás. Y luego Miqueas nos dice cuán atrás.
«Los días del siglo»
Llegamos á la frase de la que todo depende. ¿Quiere decir «desde los días del siglo» que no hubo principio alguno, ó un punto tan remoto que se pierde de la vista humana? Toma las dos palabras una por una (definiciones de Strong, traducidas):
יוֹםyôwmH3117 · RV1909 «días»
«Un día … ya sea literal … ó figurado (un espacio de tiempo definido por un término asociado).» Un período de tiempo, largo ó corto, definido por lo que lo rodea.
עוֹלָםʻôwlâmH5769 · RV1909 «siglo»
«Propiamente, oculto, esto es, el punto de fuga; en general, tiempo inmemorial (pasado ó futuro), esto es, (en la práctica) la eternidad.»
Aquí importa la honradez, porque olam es una palabra verdadera y solemne. En otros lugares puede significar para siempre. Pero su sentido raíz es el punto de fuga: un tiempo tan remoto que se pierde de vista, hacia atrás ó hacia adelante, y el contexto ha de decirnos hacia dónde y cuán lejos. Unida á días, describe un tramo de tiempo. La pregunta no es qué podría significar olam en abstracto, sino qué significa la frase los días de olam cuando la Biblia la usa. Y en eso la Escritura no deja lugar á duda.
Cómo usa la Escritura la frase
Las mismas dos palabras hebreas aparecen siete veces en el Antiguo Testamento. Aquí están todas, con la redacción de la RV1909:
| Texto | Cómo la vierte la RV1909 | A qué se refiere |
|---|---|---|
| Deuteronomio 32:7 | «Acuérdate de los tiempos antiguos» | El pasado de Israel, los años de generación y generación |
| Isaías 63:9 | «los levantó todos los días del siglo» | Dios llevando á Israel por el desierto |
| Isaías 63:11 | «acordóse de los días antiguos, de Moisés» | Los días de Moisés y del paso de la mar |
| Amós 9:11 | «edificarélo como en el tiempo pasado» | El tabernáculo de David tal como estuvo en pie |
| Miqueas 5:2 | «desde los días del siglo» | Las salidas del Hijo |
| Miqueas 7:14 | «como en el tiempo pasado» | Dios apacentando Su rebaño en Basán y Galaad |
| Malaquías 3:4 | «como en los días pasados, y como en los años antiguos» | Las ofrendas de Judá en tiempos de antaño |
La RV1909 varía las palabras —«los tiempos antiguos», «los días antiguos», «el tiempo pasado», «los días pasados»— pero el sentido no varía nunca. En cada lugar la frase nombra un tiempo real en el pasado: las generaciones de Israel, el desierto, los días de Moisés, el reino de David, las ofrendas de años antiguos. Ni una sola vez significa un tiempo sin principio.
Y hay un testigo que el lector castellano puede ver con sus propios ojos. En Isaías 63:9 la RV1909 vierte la frase con exactamente las mismas palabras que en Miqueas 5:2, «los días del siglo», y allí nadie podría equivocarse sobre su sentido:
En toda angustia de ellos él fué angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo.
Los «días del siglo» de Isaías son los años del desierto: el tiempo en que Dios llevó á Israel en brazos desde Egipto. Un tiempo antiguo, sí, pero un tiempo real, con su comienzo. Y el testigo más fuerte es el propio Miqueas. Sólo dos capítulos después usa la frase idéntica:
Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en la montaña, en medio del Carmelo: pazcan en Basán y Galaad, como en el tiempo pasado.
Miqueas ruega á Dios que vuelva á pastorear á Su pueblo como lo hizo antaño. El profeta sabía muy bien lo que significaba su propia frase. Cuando escribió que las salidas del Mesías eran «desde los días del siglo», no decía que el Hijo careciera de origen. Decía que el origen del Hijo está tan atrás, antes de que cosa alguna fuese hecha, que se pierde de la vista humana. Ese es el punto de fuga de olam: no la ausencia de un comienzo, sino un comienzo más allá de nuestra cuenta.
Antes de los collados
La Escritura sí tiene lenguaje para un Ser sin principio alguno, y vale la pena ponerlo junto á Miqueas. Moisés escribió de Dios:
Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Los montes nacieron; Dios sencillamente es, «desde el siglo y hasta el siglo». Nota que aquí siglo está solo, de un extremo al otro, sin los días que lo limitan: es el lenguaje del Padre, Aquel sin principio. Ahora pasa á Proverbios 8, donde la Sabiduría habla en primera persona. El Nuevo Testamento llama á Cristo «sabiduría de Dios» (1 Corintios 1:24), y leído á esa luz, aquí habla el Hijo describiendo Su propio origen. Oye cuán distinto habla:
Antes de los abismos fuí engendrada; Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas. Antes que los montes fuesen fundados, Antes de los collados, era yo engendrada:
La RV1909 no suaviza el verbo: engendrada. (El femenino es sólo gramatical; en hebreo, como en castellano, sabiduría es palabra femenina.) Y el hebreo respalda esa traducción:
חוּלchûwlH2342 · RV1909 «engendrada»
Strong (traducido): «propiamente, torcerse ó girar … esto es, retorcerse de dolor (especialmente del parto) ó de temor». Es el verbo de los dolores de la mujer que da á luz.
Antes de los montes, el Padre es. Antes de los collados, el Hijo fué engendrado. Ambos están antes de toda la creación. Pero el Padre es Aquel sin principio, y el Hijo es Aquel que salió de Él. Eso es precisamente lo que dicen, con otras palabras, las salidas … desde los días del siglo de Miqueas. Y Proverbios mismo muestra lo que siguió: «Con él estaba yo ordenándolo todo; Y fuí su delicia todos los días» (Proverbios 8:30). Un Hijo junto á Su Padre, antes de que el mundo fuese.
Dos nacimientos, ambos reales
Miqueas 5:2 contiene, pues, dos nacimientos del Hijo, no uno: Su nacimiento del Padre en los días del siglo, y Su nacimiento de María en Belén. Ninguno de los dos es una figura retórica. El segundo no es más real que el primero, y el primero es la razón del segundo.
Pablo leyó á Miqueas exactamente así. No dijo que Dios hizo un Hijo en Belén. Dijo que Dios envió al Hijo que ya tenía:
Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito á la ley,
El orden no admite duda. Primero su Hijo, luego hecho de mujer. No se puede enviar á un hijo que todavía no existe. Por eso el ángel pudo decir que el niño de María «será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35): Aquel que nacía ya era Hijo de Dios, y ahora tomaba nuestra carne. (Las Escrituras hablan también de un tercer engendramiento, Su resurrección, cuando el Padre lo levantó de los muertos: «Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy» (Hechos 13:33), y por eso es «el primogénito de los muertos» (Apocalipsis 1:5). En cada uno de los tres, el Padre es la fuente de la vida del Hijo.)
En Sus propias palabras
¿Enseñó Jesús mismo que Él salió de Dios antes de venir al mundo? Una y otra vez. El momento más agudo llegó cuando Sus enemigos atacaron Su nacimiento. «Nosotros no somos nacidos de fornicación», dijeron, en un insulto contra las circunstancias de Su concepción; «un padre tenemos, que es Dios» (Juan 8:41). Jesús respondió señalando más allá de María, á Su verdadero origen:
Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais: porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió.
He salido es exérchomai (G1831), de ek, «de, fuera de», y érchomai, «venir»; Strong lo define «salir, emanar (literal ó figuradamente)». Es la contraparte griega de las salidas de Miqueas, y otra vez el castellano conserva el eco: salidas, he salido. Y nota los dos pasos, exactamente como en Miqueas: de Dios he salido, y he venido; y luego, él me envió. Primero la salida, después el envío. Lo dijo repetidas veces:
- «Yo le conozco, porque de él soy, y él me envió.» Juan 7:29
- «… vosotros me amasteis, y habéis creído que yo salí de Dios.» Juan 16:27
- «Salí del Padre, y he venido al mundo.» Juan 16:28
- «… han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.» Juan 17:8
No es casualidad que estos dichos se agrupen en el Evangelio de Juan. Juan nos dijo por qué lo escribió: «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios» (Juan 20:31). El Evangelio escrito para probar que Jesús es el Hijo de Dios es el Evangelio en que Él dice, una y otra vez, que salió del Padre.
La herencia divina
Aquí hemos de ser claros, porque el punto se tuerce con facilidad. Decir que el Hijo salió del Padre no es decir que fué criado. Una criatura es hecha de la nada, con una naturaleza distinta de la de su Hacedor. Un hijo sale de su padre y comparte la naturaleza de su padre. Cristo no es una criatura sacada de la nada, ni un ángel, ni un ser inferior. Es el Hijo, y todo lo que Él es, lo tiene de Su Padre:
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo:
El Hijo tiene vida en sí mismo: la misma vida divina, que existe por Sí misma, que tiene el Padre. Pero no la tiene de manera independiente, como si Él también careciera de origen. La tiene porque el Padre se la dió. ¿Cuándo? Cuando salió del Padre en los días del siglo. «yo vivo por el Padre», dijo (Juan 6:57). Esta es la herencia divina, y es el fundamento mismo de Su divinidad. Él es «el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia» (Hebreos 1:3), y «alcanzó por herencia más excelente nombre» que los ángeles (Hebreos 1:4). Por eso el Padre manda: «Y adórenle todos los ángeles de Dios» (Hebreos 1:6); y por eso sólo Él, además del Padre, es digno de esa adoración.
Y porque salió antes de que cosa alguna fuese hecha, todo lo que fué hecho fué hecho por medio de Él. El Padre lo «constituyó heredero de todo» (Hebreos 1:2), y «Todas las cosas por él fueron hechas» (Juan 1:3). «todo fué criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas» (Colosenses 1:16-17). Primero los días del siglo; después, por el Hijo, la creación.
Por qué importa
¿Por qué merece tanto cuidado una sola frase? Porque los credos de siglos posteriores hicieron al Hijo coeterno con el Padre, sin origen alguno en Él, y luego tuvieron que explicar Su filiación como una relación eterna que en realidad nunca comenzó. Leída así, «desde los días del siglo» se vuelve prueba de que el Hijo nunca fué verdaderamente engendrado, y la palabra Hijo queda como un título sin nada detrás. Pero Miqueas, leído en sus propias palabras, dice lo contrario. El Hijo tuvo salidas, un salir de una fuente, y sucedieron en los días antiguos, antes de los collados.
Todo lo que el evangelio promete descansa sobre eso. Si no hay un Hijo verdadero, no hay un don verdadero:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Un Padre que da un título no da nada. Un Padre que da á Su propio Hijo, Aquel que salió de Él antes de que el mundo fuese, Aquel á Quien amó «desde antes de la constitución del mundo» (Juan 17:24), da lo que es más Suyo. «El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Romanos 8:32). Ese es el amor que el pequeño versículo de Miqueas encierra en silencio. El Señor nacido en Belén era el Hijo que ya había salido de Su Padre, desde los días del siglo, y que fué enviado, en el cumplimiento del tiempo, á nacer por nosotros.
Una nota sobre lo que se critica
La discusión aquí es con una lectura de un versículo, y con la arquitectura de los credos que está detrás de ella; no con los muchos creyentes sinceros á quienes se enseñó esa lectura sin que nadie les mostrara jamás lo que dicen las palabras mismas. En toda tradición ha habido adoradores á quienes Cristo llama Suyos. La invitación es sencilla: abrir la Biblia, leer despacio «desde los días del siglo», y dejar que Miqueas explique sus propias palabras.
Para seguir leyendo
El origen, la divinidad y la filiación del Hijo, en los demás estudios del instituto. Para respuestas breves á las objeciones comunes, véase la hoja de referencia Respondiendo á herejías comunes. Esta página es una recomposición en español del estudio original en inglés; los versículos bíblicos se citan de la Reina-Valera 1909.
Lección del curso
El Hijo unigénito
Engendrado, no hecho; los tres engendramientos; igual al Padre por filiación y por herencia.
Hoja de referencia
Respondiendo á herejías comunes
Las objeciones contra el único Dios y Su Hijo, respondidas en breve, Miqueas 5:2 entre ellas.
Estudio doctrinal
Respondiendo objeciones
Los textos que se levantan contra el Hijo engendrado, de Génesis á Apocalipsis, respondidos por extenso.
Lección del curso
Dos Seres divinos en el Antiguo Testamento
El Hijo presente ya en las Escrituras hebreas: el Ángel en Quien mora el nombre de Dios, y la Sabiduría engendrada.
Doctrina
La divinidad y la filiación de Cristo
Por qué el Hijo es verdaderamente divino, y por qué Su filiación es el fundamento de ello.
Historia documental
Cómo se introdujo la trinidad en el cristianismo
Cómo el Hijo engendrado de los primeros escritores vino á ser la «segunda persona coeterna» de los credos.